tag:blogger.com,1999:blog-342942292008-07-02T19:04:47.547-07:00VOCIFERA, prensaVociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comBlogger7125tag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1167488401265675452006-12-30T06:11:00.000-08:002008-07-02T18:45:03.216-07:00El huaso<div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#cccccc;"><strong>Ya no es el mismo, se ve acabado, los años se le vinieron encima, de súbito, sin esperarlo, sin que él se imaginara que en un abrir y cerrar de ojos los sesenta años los llevaría en su cuerpo Su rostro, arrugado, acusa la infinidad de caminos recorridos en el transcurso de la vida. Son surcos que nacen desde adentro y se externalizan inmisericorde a través de su piel y sus poros, como pertinaz recordatorio de que el tiempo sí transcurre, pese a que la mente intenta muchas veces doparnos con la idea del “mañana lo haré” El huaso está viejo, quién lo iba a imaginar, viejo y acabado, viviendo de la caridad. No tiene fuerzas para seguir con su vida delictual, eran otros tiempos esos en los que estafaba a los Santiaguinos con el “cuento del tío”, tenemos que reconocer que en eso era muy bueno.<br />Lo encontré en la Calle Condell, en el comedor de las Monjitas de la Divina Providencia, ahí estaba esperando en la “cola, para ver si alcanzaba un plato porotos” Junto a otros indigentes, sucios, malolientes desaseados, se entrelazaban en una atmósfera irreal, fantástica, surrealista, viviendo de absurdos, de planteamientos ilógicos, (pero necesarios) para justificar la pobreza la marginación, la postración social en la que se encontraban. Añorando y viviendo de una época dorada que se les escapó de las manos tan imperceptiblemente como se escapa el aire de los pulmones.<br />Tiempo en que Ahumada no poseía cámaras de seguridad y todavía no se proyectaba como paseo. La calle Ahumada, la genuina, la auténtica, Ahumada de colores reales, vivos; catalizador de todos los sueños y los anhelos de Santiago; la que recogía para sí el cansancio, el caminar, los sudores, las alegrías y las penas de muchos transeúntes. Esa Ahumada, la clásica, la de antes.<br /><br />_¡ Cómo ha pasado el tiempo! , evoca, y un nudo en la garganta sube desde su alma para deshacerse en las pupilas de sus negros ojos. ¡Puta que gané plata. Nunca hice daño a nadie, sólo con astucia llegué a manejar sumas considerables de dinero. Mi estratagema era sencilla, me disfrazaba de huaso, después de haber arreglado unos boletos de Polla, buscaba al incauto que cayera en el juego. Para arreglar el boleto usaba un pegamento especial que usan los dibujantes técnicos, incolora, transparente, no dejaba indicio de que el documento hubiese sido manipulado. Cambiaba los números y los hacía coincidir con el boleto ganador. ¡Quedaba perfecto! Ese era un aspecto, el otro importante, aludía a mi comportamiento, debía hablar, razonar y mostrar ademanes convincentes de ser una persona sin educación, ignorante. Me paraba en una esquina con i canasta de verduras y esperaba interceptar a alguien para engatusarlo.<br />-¡Oiga patróncito! Le puedo hacer una consulta. Mire que yo no soy de acá, y ando medio mareado con tanta bulla y tanta gente. Yo soy del sur, vengo a cobrar un boleto de una “rifa” que me gané. ¡Miré! No sé, pero yo leo clarito ahí que dice $300. 000, ¿cuánta plata es eso? En verdad el boleto indicaba $ 3.000.000 de premio, en ese tiempo era mucho dinero, y la persona que detectaba esa incongruencia se tentaba y reafirmaba lo que yo “veía” _¡Sí! Efectivamente, el boleto es de $ 300.000 A partir de ese minuto se activaba la codicia en mi interlocutor, se obnubilaba y se perdía de manera irremediable. _¡Yo no sé mucho de estas cosas! Estoy muy contrariado, llegué hoy por la mañana y estoy incomodo con estos sacos y esta canasta. No sé si alcanzaré a llegar a cobrar el boleto. Por que dígame Señor ¿dónde queda esa payasá? _ Esta calle se llama Puente, un poco más allá está la Catedral, sigue hacia el sur y va a ver un edificio grande en el que se ubica la Polla de “Beneficencia”, para ser honesto de aquí le queda bastante lejos. _ ¡Pucha oh! Me cansó esta cuestión. _ Si le parece yo le puedo dar el dinero que indica el boleto y se ahorra el viaje. _ ¿En serio? Usted me haría ese favor? _ ¡Por supuesto! Así no tendrá que movilizarse con tanto saco. _Ya po’ Patróncito pase los $ 300.000. Introducía su mano en el bolsillo de la chaqueta y sacaba un fajo de billetes nuevos de $10.000. Tomaba el boleto y volvía a confrontarlo con la información del Diario con el boleto. Ratificaba y confirmaba que estaba haciendo un gran negocio. _ ¡Ya! Conforme. Tome. Yo cobraré el boleto. _¡Gracias jefecito! Me sacó un peso de encima. Tomaba en mis manos los billetes, y luego de unos minutos comenzaba a despedirme, lento, despacio. El se iba inquieto, nervioso, con la ansiedad propia de verse en sus manos con un boleto de tres millones de pesos. Una vez que llegaba a la agencia, lo pasaba por la maquina y este acusaba que era falso. _Lo estafaron mi amigo, este boleto es ilegitimo. Todavía no me puedo imaginar la cara del hombre después de enterarse. Esta misma gracia la hacia tres veces en el transcurso del día, a veces por montos más pequeños, pero la táctica jamás fallaba. En los archivos de investigaciones estoy fichado como el “huaso”, justamente por eso.<br /><br />También ganamos mucha plata con el “balurdo”, este paquete de billetes que uno tiraba al suelo ante alguien que recién salía del banco. En este engaño se trabajaba con un socio. Ingresaba el banco para detectar a quien sacara grandes sumas de dinero, lo marcaba, una vez que el sujeto salía del banco sabía a quien tenía que seguir. Traba de cruzrme con él, en el minuto que lo lograba soltaba el “balurdo”, que era un paquete con cuatro tapas de $10.000, el resto sólo papel de diario. Al verlo de repente se instalaba en la mente la idea de un paquete grande de billetes. Esa es la idea que quedaba en la víctima. Tomaba del hombro al sujeto y lo llevaba a una esquina, le mostraba el “paquete”, y le explicaba que era de ambos. Mientras conversaba con él, mi socio se acercaba a nosotros y con cara de ingenuo preguntaba si habíamos encontrado un paquete de dinero que había extraviado. Antes que se acercara introducía el balurdo en los bolsillos de mi amigo ocasional, sin que se percatara sacaba las tapas de $10.00 que lo envolvía _¡Oiga amigo! ¿Cuánta plata era? Preguntaba yo dando inicio a la estafa. _Perdone que los moleste, pero perdí dos millones y medio, y como Ustedes están en el recorrido que hice, supuse que habían visto algo. _ ¡No! ¡ No! No hemos visto nada, miraba a mi víctima y cerrando un ojo le decía: _ ¿No es cierto primo? Que nosotros no hemos encontrado nada? Al tratarlo como “primo” lograba dos cosas, establecer una relación cercana y de complicidad. Con esa afirmación el se involucraba psicológicamente, y entraba en una especie de “aturdimiento pasajero”, a partir de eso sería fácil de manejar. Mi socio se alejaba, y yo aprovechaba de centrarlo en el “dinero” que estaba en su bolsillo, sacaba cuentas. Mira nos encontramos dos millones y medio, corresponde a cada uno un millón dos ciento cincuenta mil pesos, mientras sacaba las cuentas aparecía nuevamente mi compañero para insistir en su búsqueda. _¡Ahí viene de nuevo este guevon! No vamos a estar tranquilos aquí. _¡Ya qué pasó ahora! _No es que saben, no puedo llegar a mi trabajo sin el dinero, significaría mi despido. _ ¡Pucha la que la cagué! _Como le dije antes nosotros no vimos nada, estoy con mi primo aquí y hablamos de trabajo, no podemos hacer nada por Usted. Se aleja nuevamente. Quedamos solo nuevamente. Mi socio se queda en un lugar visible, haciendo como que busca la plata. Ambos lo vemos, y explico al joven: _Mira aún sigue ahí ese idiota, parece que no vamos a poder dividir el “paquete” Cuánta plata sacaste del Banco. Metido en el cuento responde como autómata: _ Retiré seiscientos mil pesos. _ Vamos a hacer un cosa práctica, meto la mano en el bolsillo donde tiene su plata y simultáneamente le explico que me voy a quedar con los seiscientos mil pesos y que el se quede con los dos millones y medio. _ ¿Le parece primo? Mira ahí viene de nuevo este compadre. Se acerca mi socio, y antes de que llegue a nosotros, le dijo que nos separemos para que no nos vuelva a preguntar lo mismo. Rápidamente nos separamos en sentido contrario, en mi bolsillo tengo los seiscientos mil pesos de su retiro más los cuarenta mil del “balurdo” que fueron utilizadas como tapa.<br />Después repartimos con mi amigo, y repetimos la gracia con otra persona. ¿Sabes porque caen? Su codicia los pierde. Termina de explicar esto cuando la antigua y gruesa puerta del comedor se abren de para en par. Aparece la tía Olga, encargada del comedor. Todos los que llegan a almorzar son indigentes, gente que vive en las calles, como los etiqueta el gobierno de hoy: “son personas en situación de calle” El huaso está a mi lado, e intenta contar otra historia pero los empujones de quienes desean ingresar lo impiden. Miro por última vez los surcos en el rostro del huaso, y vuelvo a afirmar: El huaso ya no es el mismo, está viejo, su época de esplendor se apagó. Ahí está, todo cagado, en una fila de dos horas para comer un plato de porotos sin condimentos y sin sal. ¿Y qué hizo con todo el dinero que ganó? Drogas y alcohol.. Quedó en la calle, se desvaneció la chispa, el ingenio, la vivacidad. Parece que lleva consigo un saco de arrugas que carga lastimosamente.</strong></span></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1166382596000543732006-12-17T10:54:00.000-08:002008-05-20T19:06:07.217-07:00El condor<a href="http://bp0.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDODf2SQ5DI/AAAAAAAAABg/k9y_hSjt2jM/s1600-h/fotden.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202646577714357298" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDODf2SQ5DI/AAAAAAAAABg/k9y_hSjt2jM/s400/fotden.bmp" border="0" /></a><br /><div><br /><br /><div align="justify"><strong><span style="color:#ff0000;"></span></strong></div><br /><br /><div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#000066;"><strong>La mañana ha llegado de improviso, como es habitual, hemos visto encenderse los tubos fluorescentes, precedidos por un pequeño sonido del partidor. El ballas, evidentemente agotado, ha obedecido al impulso automático del partidor, y ha permitido que los electrones se dirijan al tubo para encenderlo, en dos impulsos, se ha encendido la luz blanca de los seis tubos. El tío comienza a despertarnos uno por uno:<br />_ ¡Ya niñitos a despertar, se acabaron los cuatrocientos pesos del hospedaje! ¡A levantarse! Algunos, semidormidos, levantan las cabezas para ver de qué tío se trata, perezosos quitan las tapas haciendo ademán de levantarse, lo piensa otra vez y desisten, se quedan mirando al tío, escuchan lo que éste expresa:<br />_ ¡Ya niñitos a levantarse se van a quedar sin desayuno! Recuerden que después de las 7:30 no hay tostadas con mantequilla. ¡Ya pillín! a Levantarse!. Hasta el perro tiene olor a flojera. Gradualmente, y a medida que el Tío reitera su llamado a dejar las sábanas, todos reaccionamos, nos sentamos en el camarote, buscamos los pantalones debajo de la almohada, sacamos los zapatos debajo de las frazadas. Lentamente disponemos a vestirnos, primero nos ponemos los pantalones, luego la camisa, posteriormente los zapatos. Torpemente, y sin haber despertado del todo, nos lanzamos al piso. De inmediato hacemos la cama, estiramos las sábanas que están limpias, pues se cambian todos los domingos, al igual que las frazadas. Todas las semanas nos acostamos en camas limpias, es grato, y se disfruta ese olor a limpio que toca nuestras narices. El Educador se ha ido, todos hemos despertados, menos los regalones de la hospedería. Antes de salir del dormitorio, procuro sacar todas mis cosas para llevarlas a mi casillero. Debajo del colchón guardo un libro y dos poleras que he guardado ahí para que no las roben. Retiro estas cosas, y guío mis pasos al baño.<br />Retiro de la cocina, un vaso de leche y una hallulla , con ambas en la mano vuelvo al hall, tomo una silla roja de veraneo. Me siento. Trituro un pedazo de pan. Veo, instalado en el centro del hall, un rostro conocido. Dudo un momento, y pienso que quizá es sólo una idea inexacta que ha cruzado por mi cabeza. No puede ser él. No en este lugar. Ante mis ojos, nada más ni nada menos que el Cóndor. Un conocido delincuente del sector de Independencia. Al descubrirlo, se reavivan y se aceleran cientos de recuerdos.<br />Fue hace algunos años atrás, en los estertores del régimen militar, regresaba a mi casa en el sector de Valdivieso, en la ladera del Cerro San Cristóbal. El tiempo, precipitado marcaba inmisericorde las horas y los minutos. Pulverizaba al día, ahogándolo hasta quitarle la última partícula de luz. Los frágiles metales de mi reloj, marcaban las 2:00 de la madrugada. No había locomoción, tampoco taxis, menos colectivos. Solo, caminaba en dirección Nororiente por las desvencijadas y peligrosas calles de Recoleta.<br />Antes de llegar a Antonia López de Bello , repentinamente se detiene un radiopatrullas, apareció de la nada, tomó forma, conspiró con la oscuridad y de súbito inundaba todo el ancho de mis pupilas. Sorprendido, veo a un carabinero bajar, vestido a la usanza de las fuerzas especiales, en sus manos una metralleta u-zi israelí, apunta sobre mi cabeza, sin mediar presentación pregunta si poseo cédula de identidad. Nervioso, titilante busco entre mis bolsillos sin encontrar el documento. _ ¡No lo tengo mi mayor! Respondo ingenuamente., como si esa respuesta me fuese a exculpar y a liberar de ese difícil trance_ ¡Arriba maricón! Grita en mis oídos, y con una pata en la ‘raja’, me obliga a subir al radio patrullas. Adentro, no se ve nada, todo es oscuridad. Algunos detenidos se quejan, calculo que son tres prisioneros más. Un borrachito, lanza algunos insultos, me pide que no lo mire feo, (no se ve nada en el furgón), o de lo contrario me va a sacar la ‘chucha’. Ignoro sus palabras e intento concentrarme en el grave problema en el que me encuentro. No entiendo nada... me esfuerzo en encontrar una respuesta racional a la situación... no existe ninguna respuesta coherente. Me limito a esperar el desenlace de los acontecimientos.<br />Establezco mentalmente que hemos recorrido varias calles, sin embargo no puedo imaginar dónde terminará ese viaje. El vehículo se detiene, el silencio es absoluto. Adentro nadie respira, todos están expectantes, repentinamente se abren las puertas de par en par, un carabinero conmina a que bajemos del radiopatrullas, a punta de garabatos logra que todos desciendan. En total somos cuatro, llegamos a la once comisaría de Recoleta, ubicada estratégicamente en calle el Salto. Alguien ha confesado, mientras viajábamos, que un general de ejército fue muerto por un grupo terrorista, y que en el sector se realiza una operación rastrillo para dar con los responsables. En esa operación hemos caído nosotros, rogamos que a nadie se le atribuya la autoría del atentado. Existe todavía la detención por sospecha, a pesar de que los organismos de seguridad han actuado siempre al margen de la legalidad, en esta ocasión se mueven amparados por la ley. Ingresamos a comisaría, el cabo de guardia parcamente indica que tenemos derecho a realizar una llamada telefónica. Presuroso, busco un contacto que me pueda sacar de ahí. Pienso en Monseñor Ricardo Martínez, Dean de la catedral, y secretario de Monseñor Matte, Obispo Castrense, estoy salvado, sólo si logro comunicarme con él. He participado en el Seminario Pontifico Menor, y estoy en el grupo del ejército. Rezo para que Monseñor responda el llamado, dudo un momento, considerando la hora, son exactamente las 3:30 de la mañana. _¡Oye tú negro! ¿A quién vas a llamar? Tímidamente, y con cara de estúpido, doy el número de Ricardo Martínez. Curiosamente no se me permite hablar con él. El cabo de guardia es quien llama y habla con Monseñor. _¡Ya! Muy bien, sí Monseñor. Alcanzo a escuchar las respuestas del carabinero. A mis acompañantes los llevan a calabozos. El chofer del radiopatrullas conversa con el cabo y le susurra algo al oído. Luego se acerca a mí y me aparta. Me permite sentarme. Señala que me quedaré en recepción a la espera del cura. Obedezco sin efectuar ningún tipo de comentarios. Son las 4:00 de la mañana, experimento algo de cansancio, no he dormido nada. Violentamente, es ingresado un joven a recepción, es robusto, fornido, mediana estatura, ancho de hombres, de piernas delgadas, cabellos cortos, con su mirada enajenada, se desentiende de los garabatos y los apremios físicos a los que es sometido por un carabinero. Con una luma, lo golpea insistentemente, en todo su cuerpo. _¿De nuevo aquí guevon? ¡Robándole la palta a los ancianos concha de tu Madre! ¡¡Ahora te voy a cagar a palos!!, grita iracundo el carabinero, y descarga una y otra vez su mazo en el cuerpo del Cóndor. Este último no se inmuta, desconoce el dolor, y se mantiene de pie imperturbable. De todo ese espectáculo, registro en mi mente una característica del cóndor, nunca lo olvidaré por ese detalle, posee una enorme nariz, su sobrenombre proviene de esa inmensa mole con dos orificios que le descuadra todo su rostro. Cincelo su fisonomía de forma indeleble, en los patrones inexplorados de mi mente. El reloj, clavado en pared de la comisaría marca las 5:30 de la madrugada. Monseñor Ricardo Martínez me libera de esa situación, dejo atrás a los ‘pacos’, a quienes me acompañaban, y al cóndor.<br /><br />En el hall de la Hospedería, aún permanecen algunos compañeros de ruta, entre ellos veo al cóndor, el mismo que permitió remitirme a un fragmento de mi vida. Es él, Sin lugar a dudas, convencido de mi descubrimiento, me levantó y me dispongo a salir del Hogar.<br /><br /><br /></strong></span></div></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1162936938933800862006-11-07T13:49:00.000-08:002008-05-20T19:36:31.957-07:00Un frío despertar<div align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/1600/ducha.1.jpg"><span style="font-size:130%;color:#000066;"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/200/ducha.0.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:130%;color:#000066;"> </span><span style="font-size:130%;color:#000066;"><strong>El reloj marca las seis treinta de la mañana, quedo desnudo, espero que se desocupe una de las cinco duchas que hay en el baño. Miro al suelo, y desde abajo escudriño mi cuerpo, oteando en cada recodo de mi flácida humanidad. Mis bellos se encrespan testeando los nueve grados de temperatura ambiente. De soslayo puedo ver otros cuerpos, que dejando en el suelo los harapos, se transforman como mariposas en capullo. Detrás de vestimentas sucias y grises, afloran cuerpos luminosos, delineados, perfectos. Impermeables a la inmundicia, resbala de la piel todo indicio de mugre, incólume al polvo, a la basura. La blancura que se irradia de esos cuerpos ilustra la misma luminosidad de Dios, que quiso imprimir en la tela de la piel la dignidad del hombre.<br />Tomo un poco de shampoo, y lo desparramo por mi cabeza, ingreso a la ducha, abro la llave, y de inmediato me toca una gota de agua, fría, escarcha, polar. Cierro los ojos, y me animo a ingresar, y a sumergirme definitivamente bajo el chorro de agua. Mientras escurre el agua por todo mi cuerpo, pienso, si todo ese frío, no se va a traducir en una bronco pulmonía, es mi temor y los será cada vez que me bañe. Con ambas manos lavo mi pelo, tengo que hacerlo por partes, pues mi cabeza tolera por pocos minutos el agua helada. Después me voy enguajando paulatinamente, paso por mi cuerpo un pequeño jabón que me han dado en la oficina, me preocupa sobre todo los sobacos, por lo que me lavo una y otra vez con el jabón. Es lógico, tendré que salir de la hospedería a las 19,30 horas, todos se tienen que movilizar a esa hora, y los tíos se encargaran de que nadie se quede en el lugar, ¿ a dónde vamos?, preguntaré más tarde, y nadie me responderá, porque todos saben que la calle les espera para recorrerla, dar una vueltas y regresar a la noche. Caminar, caminar en círculos, en línea recta, errático un hombre se desplaza por la calles de Santiago, en busca de un sueño que jamás encontrará. ¿Y si llueve Igual vamos a la calle? Sí me responderán, con lluvia o sin ella, debes salir a la calle. No te puedes quedar. ¿Pero me mojaré? Eso no importa, te tienes que proteger de la lluvia. Será entonces, la prolongación de esta lluvia que moja mi cuerpo, y que la veo salir por un tubo de PVC.<br />Esa es la importancia de lavarse bien debajo de los brazos, caminaré, y no quiero sentir olor a sudor, lo detesto. El agua fría me despierta y quita de mi cuerpo la somnolencia, permito que me toque, necesito que me recorra, así me siento vivo, pues en ocasiones, creo que sueño, y me cuesta asimilar las categorías de esa realidad.<br />Durante la noche me roban la toalla, tengo que secarme al vapor…¡Sí! “al vapor”. Muchos lo hacen así. Una vez que salen de la ducha, agitan sus manos varias veces para secarse, posteriormente sacan con sus manos el agua que está en sus cuerpos, hasta quedar completamente secos, este ejercicio dura unos veinte minutos, muevo el pelo una y otra vez para que expulse la mayor cantidad de agua. Siento la espalda aún húmeda, me abrigo con la camisa. Todo el piso del baño está mojado. Veo mucha ropa en el suelo, entiendo que la botan porque no les sirve, si la conservaran no podrían lavarla, no hay dónde, si la lavan y la cuelgan en los alambres del patio se las roban, además toda esa ropa se las regalan en Lourdes, no les cuesta nada, y se deshacen de ella con facilidad saben que les regalarán otras prendas. Vienen a mi mente las innumerables donaciones que se realizan en las parroquias, ahora descubro dónde terminan esas donaciones, nunca imaginé que fuese en la basura. Introduzco mi pie en el zapato, y doy por terminada mi ducha. No consigo abrigarme, salgo del baño y me dirijo al comedor, voy a tomar desayuno, todos los días dan una leche ‘algo química’, tiene distintos sabores, una vez que se toma, se debe ir imperiosamente al baño. En esta ocasión no se quiebra la tendencia, vuelvo al baño para ocupar una taza, estoy que reviento, la leche ‘limpia él estómago’’. ¡Haaa! Me siento aliviado…Horrorizado abro los ojos ¡¡No tengo papel higiénico!!<br /></strong></span></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1162485286598345912006-11-02T08:26:00.000-08:002006-11-02T08:34:46.603-08:00<div align="justify"><strong><span style="font-size:130%;color:#000099;"><span style="color:#ff6600;">Se sentó</span> pesadamente en la silla, llevó el cigarro a su boca, levantó la mano con su encendedor, presionó la pequeña rueda, acercó la llama y lo encendió. Luego pasó su mano izquierda por su boca, lentamente, hasta dejarla caer con suavidad. Observó a su interlocutor unos breves minutos, examinando sus gestos, una vez que se cercioró que estaba receptivo le expresó: _ ‘Einstein dijo que la realidad es pura ilusión…una ilusión persistente’ Porque si te pones a pensar, continuo, el pensar es anterior a la realidad. Es probable que tenga razón, porque en definitiva la realidad se puede doblegar, con voluntad, con fuerza, con fe. Lo que pienses, lo que concibas, en algún instante se puede hacer materializar. Ocurre que, de tanto masticar una idea, esta termina siendo un globo inmenso. Entonces, cuál es la clave creer, creer que eso es posible, y que las fuerzas de la mente trastocan y modifican la realidad. ¿No es acaso, la sociedad fruto de esas concepciones internas del hombre? Todo la materialidad que vislumbramos estuvo en un minuto en los sueños y en los pensamientos del hombre. Creo, que el hombre se angustia y se preocupa innecesariamente. Tiene en sus manos la capacidad de c-r-e-a-r, tal como suena, puede crear. Y tú, que miras escudriñando las razones de este razonamiento, tú puedes ser finalmente el que desees ser. Es la visión que tengas de ti mismo lo que en definitiva va a prevalecer. Tú te instalas mentalmente en lo que elijas, porque tú lo quieres y te desprendes de lo que han instalado en tu mente. Sí, aunque me mires extrañado, te han impuesto un modo de ver la realidad que no te pertenece.Curioso eh!. Nunca lo cuestionaste. Jamás se te ocurrió ponerlo como elemento de razonamiento. Ahora te sorprende con esta idea. ¡Eh!. Dime que no estás sorprendido. Pero pregúntate, quiénes han instalado las categorías y los parámetros con los que ves a la realidad. A través de qué prismas elegiste ver tu propia realidad. Piensa. Piensa, y todo va a cambiar. Seré en la vida, lo que determine para mí mismo. Voy a desmontar todo lo que no me pertenece, e instalaré una visión más potente sobre la vida y la realidad. Has pensado que esta vida es breve, para que aún permanezcas esclavo de paradigmas ajenos? Pregúntate, en qué minuto perdiste tu alegría. Cuándo dejaste de sonreír. Por qué. por qué. Responde. Si pudieras re descubrirte, volver la mirada sobre ti mismo, analizarte, y encontrar todo el talento que tienes en tu corazón. Ese talento que está negado, olvidado, y sepultado porque otros no lo quieren reconocer. Tienes talento, lo tienes que ver. Una vez que lo encuentres y puedas capitalizarlo, tú volverás a sonreír. Cantarás, como he cantado yo. Bailarás, te gozarás contigo mismo, y tu alegría podrás compartirla, será como una luz que ilumine otras vidas.Lo afirmaba el Quijote: ‘con fe lo imposible soñar’ Sí basta que tengas fe, te pongas en movimiento, y busques tu propio sueño. ¿Qué impedimento tienes? ¡No existe ninguno! Todo lo que tu mente conciba, en algún momento se puede hacer realidad.Einstein decía que la realidad es persistente…pero se puede modificar. Si no lo cruzas por tu mente, no existe. Todo lo que desees ser en la vida, tiene, en una primera instancia, que instalarse en tu mente. Piensas, y luego la acción te ha de conducir a la meta anhelada. Si no te pones en acción, tu pensamiento se disipa, se desvanece, se originan las dudas y los temores estos sólo inmovilizan. El tiempo se sucede, y no puede develar el potencial con el que fuiste dotado desde tu nacimiento.Si tienes un sueño…síguelo._ Son lindas tus ideas, pero no se reflejan en la praxis de tu vida.Dio la ultima bocanada a su cigarrillo, inhaló pausadamente, re acomodó la silla, y dirigió una mirada profunda a su entorno, después expresó: _¡Ah no!_Lo que haces en el diario vivir no es consecuente con tu discurso, prosiguió su acompañante _¡Mmmm!, lo dices porque no soy convincente. _¡No! Porque con ese discurso no deberías estar en la Hospedería del Padre Lavín, se supone que aquí llegan las personas que no tienen las habilidades necesarias para desenvolverse en la vida, en cambio tú denotas mucha preparación. _¡Sí! Es probable, tal vez tengas razón…necesito que delimites un poco más tu razonamiento. _Lógico, una persona con tu preparación, tiene, en primer lugar que acceder a un buen trabajo, a partir de eso construir su hogar y acceder a las cosas materiales que te permitan vivir dignamente…¡pero no estar aquí! Levantó su mano, dirigiéndola a su cabeza la rascó por unos segundos, bajó la cabeza, cerró sus ojos, miró la escuálida colilla de cigarro que expiraba en sus amarillentos dedos, y continuó:_Un hombre, puede plantearse la vida desde muchos puntos de vista. La acción que se desencadena en los seres humanos, siempre obedece a una motivación. Vivir significa abrazar muchas causas a la vez, sin embargo una sola es la que moviliza la voluntad en su plenitud. Analizándolo en términos más simples la motivación de un hombre puede girar en torno al tener o al ser. Muchos, diría con propiedad que la mayoría, optan y viven en función de las cosas materiales, y dedican su vida a acumularlas. En cambio, pocos, puedo afirmar con certeza que sólo excepciones, buscan en la vida bienes intangibles. Asumen con tanto nitidez esa elección, que su motor de búsqueda interno se orienta incansablemente a descubrir esos bienes inmateriales. Acorde a su perspectiva son los más permanentes y enriquecedores. Vivir en función de los bienes materiales no puede ser una característica interna de todos los seres humanos. Modelos desprendidos de la historia tenemos mucho. El más reciente lo constituyó la Madre Teresa de Calcuta, el Banquero de los pobres, una actitud les ha caracterizado, su desprendimiento de las cosas materiales, están desasidos de todo, desde este desgajamiento de la materialidad, han buscado concentrar en sus vidas valores intangibles que los han hecho merecedores del reconocimiento internacional. ‘Desasidos de todo, han llegado a tener todo’ Se ha dado de esta forma porque su prioridad nunca estuvo centrada en la acumulación de bienes materiales, siguieron un camino inverso, distinto al común de la gente. Supongo que nunca se angustiaron por carecer de algunas cosas. Encaminaron sus vidas a bienes inmateriales, ganaron en sabiduría, en tolerancia, en paciencia, en tranquilidad. Disfrutaron la vida, y la contemplaron, degustaron de ella, y se compenetraron de las cosas sencillas. Llegaron a ser sabios, no por la cantidad de conocimientos que acumularon, sino por el modo en que decidieron vivir sus vidas. Ellos supieron de un amanecer, lo disfrutaron. Se admiraron de una flor en capullo, y supieron ver la belleza de sus recovecos, supieron gozarse en ella. Inhalaron el aire rico y fresco de la primavera, permitieron que este oxigenara sus pulmones, y fueron conscientes de cada partícula de aire que ingreso a sus bronquios. Jamás desearon perpetuarse en la vida, ni aferrarse a objetos materiales, siempre reconocieron que estaban de paso, reconocieron la fugacidad de la vida, se pusieron en contacto con su transitoriedad. Fueron fecundos, pues sabían de los limites que tiene el existir. Pasaron por sus vidas compenetrados de lo esencial: El amor. Pasaron por la vida haciendo el bien. Jamás quisieron acumular los bienes terrenales… ¡y paradoja! la vida les dio todo.Soy de esos hombres que ha elegido acumular bienes intangibles, todo lo demás es accesorio. Apoyó sus anchos hombros en el respaldo de la silla, miró la exigua colilla de cigarro entre sus dedos, con un gesto rápido la lanzó al suelo, bajo sus zapatos feneció el último punto de fuego. Frotó sus manos. _¡Bueno!, Exclamó, vamos a cenar, nos pueden dejar bajo la mesa. Raudamente ambos se dirigieron al comedor.</span></strong></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1160856610211925492006-10-14T12:52:00.000-07:002008-05-20T19:33:44.456-07:00El llanto de un padre<a href="http://bp2.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDOJmWSQ5GI/AAAAAAAAAB8/DizKVa806bQ/s1600-h/united4.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202653286453273698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDOJmWSQ5GI/AAAAAAAAAB8/DizKVa806bQ/s400/united4.bmp" border="0" /></a><br /><div><br /><div align="justify"><span style="font-size:130%;color:#000099;"><strong>El comedor tiene cabida para unas 40 personas, es mediano en términos de proporciones. El salón, en el que me encuentro, tienes múltiples funciones, durante el día es utilizado como comedor, por las noches se transforma en dormitorio, y es ahí donde se ubican un sinnúmero de colchonetas en las que descansan los ‘pasajeros’, en otras ocasiones, sin embargo, se utiliza como sala de eventos, se realizan actividades extra programaticas, y también es el receptáculo de las oraciones que dispensan los curitas cuando se efectúa una misa. El techo es sostenido por gruesas vigas de acero que la cruzan verticalmente, en el sector poniente se ubica la cocina, en el opuesto la mampara que permite la salida al patio. Una rectangular ventana, se sube cada vez que se debe servir la cena.<br />Son cerca de las 20:00 horas, el comedor está repleto. Miro cada una de las mesas, y en todas veo el mismo prototipo de hombres, cruzados por características similares, amarrados y conectados en la vida por una experiencia similar. Muchos están sucios, el aseo los ha abandonado hace mucho tiempo. Es signo, palpable y tangible, de que algo sucede en sus corazones. Su brutal y drástico abandono, se externaliza y se muestra en sus ropas de harapos, su marcada suciedad, y sus desgarbados rostros. Sus malos olores se dispersan y se diluyen en el espacio pequeño y reducido del comedor, olor a sudor, que ignoran porque ya se han habituado a ello, que desconocen y no logran identificar, porque han renunciado, en alguna medida, a su propia dignidad. Al principio, siento un deseo compulsivo por vomitar...controlo y domino esa respuesta visceral de mi organismo. Veo colores, no los colores que describe Cyndi Laupper en una de sus canciones: “lo colores reales del arcoiris”, sino los colores opacos, oscurecidos por la grisácea apariencia del polvo y de la mugre.<br />Mientras recorro visualmente cada uno de los rostros, con el propósito de registrar todos y cada uno de los momentos, descubro a mi lado a un joven de aproximadamente cuarenta años, es delgado, sus ojos negros se asemejan a dos aceitunas clavados en el fondo de sus párpados, su mirada es vivaz, expresiva, su leve sonrisa dan más realce a su mirar, y se complementan como el cirio con el fuego, y logran crear la armonía perfecta, la ecuación matemática de unos ojos que pretenden aprehender al mundo en su totalidad. _¿Cómo te ha ido? Pregunto. _¡Bien! Sonríe. Permanece inmóvil, acariciando las frases que le permitan articular una respuesta. _¡Bien! Estuve en Pudahuel. Está feliz, presiento que desea comunicar una noticia importante. Su rostro irradia luz, atento espero que me de más detalles. _¿Fuiste a trabajar? _Sí, luego se desdice._En verdad no! No sabe qué decir, se confunde, luego confiesa....._Estuve con mi hijo. Sus ojos se humedecen, se llenan de lágrimas, se contiene. Queda suspendido, orbitando en sus recuerdos, respira profundo. _¿Y qué hiciste? ¿Fueron a pasear? Mueve la cabeza, y responde afirmativamente. Vuelve a respirar, pasa sus manos por sus ojos, y seca sus lágrimas. _¡Pero la pasé bien! Afirma categóricamente para borrar todo indicio de debilidad.</strong></span></div><br /><div align="justify"><span style="font-size:130%;color:#000099;"><strong>E imagino la situación, me lleva mi mente a las calles de Pudahuel, y creo ver a Agustin con su hijo, tomados de la mano, en dirección a Serrano. En esa esquina se ubica la misma panadería que hace 35 años, cuando recién ese sector se comenzó a poblar. Caminan, por esos derroteros que parecen sin salida, muchos jamás pueden salir de ahí. Permanecen enclaustrados de la pobreza, del sufrimiento. Porque después de esas calles que hay? Nada. Sólo el aeropuerto...quizá algún día ellos puedan volar, espero que alcen el vuelo y emprendan una aventura que modifique sus parametros mentales. El avión es la solución para ellos, tienen que volar...y volar muy lejos. Agustín toma a su hijo de la mano, palpa cada musculo de ese pequeño ser que lo sigue y observa con una mirada agradecida. El vínculo que los une y los ata, pese a la distancia no se puede romper. Cada cierto tiempo, un reloj instalado en el fondo de su alma le remite al hijo que no ve, pero que ama sobre todas las cosas.</strong></span></div><br /><div align="justify"><span style="font-size:130%;color:#000099;"><strong>Llorar, significa mostrar y reconocer su debilidad, en el Hogar de Cristo no se puede dar esa licencia. Contiene sus lágrimas, se levanta, mueve la cabeza en señal de despedida y se aleja con su bandeja de comida casi repleta.</strong></span></div><br /><div align="justify"></div></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1158156830945743642006-09-13T07:09:00.000-07:002006-09-13T07:13:50.953-07:00<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/1600/camara.0.3.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/200/camara.0.3.jpg" border="0" alt="" /></a><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/1600/logo2.1.3.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2916/3777/200/logo2.1.3.jpg" border="0" alt="" /></a><br /><span style="color: rgb(204, 0, 0);"><span style="font-size:180%;">Mil ciento veinticinco Aventuras y una Esperanza</span><br /></span><br /><br />Autor: <span style="color: rgb(0, 0, 102);">Blazon azul<br /></span>Invierno del 2006<br /><br /><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(0, 0, 153);font-size:130%;">E</span></span><span style="font-size:100%;"><span style="font-size:130%;"><span style="color: rgb(0, 0, 153);">l mejor relato es aquel que se origina en la realidad. Para ser genuino y creíble ha de ser vivido, tal como lo vive una persona que se encardila en una situación determinada. Y yo, que confundo la realidad con la fantasía, por las características novelescas de mi mente, acepté el desafío de incrustarme en una realidad que deseaba conocer y describir. Elegí la hospedería del Padre Lavin, perteneciente al “Hogar de Cristo”, porque sus moradores son personas aún jóvenes que intentan de alguna forma recuperar sus vida. Es probable que el término utilizado no te diga mucho: ‘recuperar sus vidas’, posee una carga emotiva muy grande, formidable, sintetiza una experiencia que muy pocos desearían vivir. Han sido, prácticamente cuatro meses, en los que he observado vidas desgastadas, vidas erráticas, vidas que han perdido el norte, y que por sus ‘taras’ psicológicas, no pueden reorientar sus vidas hacia una actividad sana y productiva. En la ciudad son como fantasmas, existen, pueden respirar, realizan actividades básicas, no obstante pasan desapercibidos en la pintura realista y moderna de la ciudad. Logré identificarme plenamente con ellos; lloré ante la paradoja de historias grisáceas y significativas, trastocadas por la fuerza de los eventos, por la dureza de la realidad. Estuve con ellos, compartí sus temores y sus anhelos, participé de todas las actividades que se inventan durante el día para que este sea más llevadero, recorrí las caprichosa calles del sector poniente de la capital, que albergan un pasado lujoso y espléndido, y se confunden en algunas esquinas con la violenta arremetida del modernismos. Durante cuatro meses caminé de manera infatigable por las calles más emblemáticas: San Pablo, Esperanza, Santo Domingo, Maipú, Herrera, Matucana, Agustinas, en fin todos los recovecos de un segmento de la capital por el que deambulan seres humanos, que en ocasiones asimilan ser fantasmas por su apariencia desgarbada e insustancial, y a los que la gente prefiere evitar. En esta ocasión, mi fantasía e imaginación cesarán, porque todo lo que pueda describir de ahora en adelante, obedece a la más pura realidad.</span><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Con este relato, que he denominado “1125 aventuras y 1 Esperanza”, inicio el tema enunciado: ‘Hombres que se ha abandonado’</span><br /><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Mi llegada.</span><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Alrededor de las 20:00 horas, me encamino a General Velásquez con Alameda, la información que manejo es que el “Hogar de Cristo”, se encuentra en esa calle, unas seis cuadras hacía el sur. Es tarde, ha oscurecido, las luces tinte azulino del Líder, se muestran como farol en medio de la noche. Al bajarme en la esquina, obedezco a la información que se ha filtrado subliminalmente a mi mente, de forma automática mis pasos se orientan al sur. Demoro alrededor de diez minutos en llegar al lineal edificio, color rojo, que aloja en sus dependencias la visión de un hombre sensible.</span><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">La noche se ha filtrado sobre los compactos poros de los edificios, y cae suavemente sobre techos dispares de la Población Los Nogales. Desde mi posición, vislumbro algunas antenas de TV que parecen anquilosadas en el pasado, e inalambricamente me remiten a los años 70’. Camino tranquilo, sin intentar detener la vorágine del tiempo. De imprevisto, veo que las sombras aparecen desde la nada, se presentan en formas imperfectas, levitan a mi alrededor, si escabullen y se posesionan de zonas tímidamente claras.</span><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Distingo la figura de un hombre, que presuroso, se encamina al extenso edificio, al alcanzarlo pregunto por la entrada, responde que él se desplaza hacia allá, me limito a seguirlo. Caminamos en silencio, ambos colocando barreras para proteger de alguna manera nuestra identidad. Al llegar a la entrada activamos el timbre, el portero automático se abre, ambos entramos, el hombre se adelanta y conversa con el encargado. Después de chequearlo, le hace ingresar y le indica un número de cama. Una vez que el hombre ingresa, voltea su rostro hacia mí y me pregunta:</span><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">_¡En qué puedo ayudarlo! _Bueno. Respondo, _Venía a pedir alojamiento. Mira exhaustivamente, y se pasea por las características de mi rostro, detiene su mirar en mis ojos, y me dice que no puede ayudarme por que ese lugar es sólo para ancianos. A continuación pregunta: _¿Qué edad tiene usted? _¡Cuarenta!, respondo. _¡Ve!, que no lo puedo ayudar, Usted es muy joven para estar aquí. _¡No, noo! es que venía por si acaso, pero si no se puede no importa, no se preocupe. Giro mi cuerpo con la intención de retirarme, bajo las escaleras, y antes de pisar el último peldaño, en Encargado me llama. _¡A ver, a ver Señor!, puede haber una solución. Antes de abrir la puerta, me devuelvo presto escucho la sugerencia que me va a entregar. _Puede irse a Esperanza 1125, allí se alojan los adultos Jóvenes, voy a llamar para que lo reciban. Efectúa la llamada, después de la cual, nuevamente indagando en mi rostro, me da instrucciones sin ningún tipo de expresividad. Mecánicamente, anota en un papel la dirección y me pide que me encarrile para allá.</span><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Salgo del lugar, afuera me encuentro con un panorama distinto, en la calle no hay nadie. Todos se han retirado, uno que otro joven pasa por el lugar, diluyéndose sus figuras en la frondosa oscuridad de la noche. Es imposible tomar alguna locomoción a esa horas, salgo a General Velásquez, y mi ruta la oriento a la Alameda. Da miedo transitar por ese lugar a esa altura de la noche. Acelero mis pasos, con el propósito de salir lo antes posible de ahí.</span><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Llego a la intersección de Agustinas y la calle Esperanza. Me introduzco en la vasta solead del lugar, dirijo mi mirada al norte, veo nada, giro sobre mi mismo y avisto el sur, veo nada, donde mire, todo es nada. Puedo aseverar, con propiedad, que tuve un encuentro del tercer tipo con la nada, y la encontré vacía, insulza, insubstancial, puedo confesar su secreto: es muda, ingrávida, suave, mortecina. Iba sin miedo, sabía que andar a la una de la madrugada por ese sector no era prudente, pero estaba tranquilo, sólo me azuzaba la idea, de saber cómo era introducirse en el mundo de los desposeídos, de los que han perdido todo en la vida. Esta motivación se había transformado en mi aliciente, y me movía con una fuerza inusitada. La noche y la nada me llevaban en andas, impulsado por ambas aceleraba mis pasos, deseoso de llegar a Esperanza 1125.</span><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Arribo a la intersección de las calles Esperanza y Mapocho, por la numeración capto que estoy cerca. Justamente, en toda la esquina se divisa una casa grande de color rojiza, una reja metálica protege su ondulada esquina. Sigo por esperanza, y me detengo al frente de la casa, la numeración corresponde a la que me dieron. Toco el timbre, después de unos minutos sale una persona.. Abre la puerta, se queda unos minutos observando, luego de los cuales pregunta: _¿Usted aloja aquí? _¡No! Respondo entre humilde y seguro. Me envían de General Velásquez. Ingresa nuevamente, se activa el portero y la enorme puerta verde se abre, empujo suavemente e ingreso. Al traspasar la primera puerta, a continuación, y a mi derecha, otra puerta conecta con la Oficina. Un joven, similar al que me recibió en General Velásquez, me saluda y me pregunta qué necesito. Respondo que vengo en busca de alojamiento. Frota sus manos, con el claro propósito de espantar el frío de esa noche, luego las cruza y se estira pesadamente en el sillón. _¡Tiene carné de Identidad! _¡No! Declaro preocupado. Pienso, que todo se puede ir a las pailas si me exigen la cedula. _Sólo recibimos a gente con su carné, no se puede quedar aquí...</span><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">_¿Se puede hacer una excepción? Perdí mi carné la semana pasada, y tengo que sacarlo nuevamente. ¡No sé, no sé! Contesta categórico el joven. Hable con él, y me indica el otro escritorio, donde veo a un caballero de espesa y tupida barba. Lo miro y me indica la silla que está detrás de se escritorio. ¡Asiento! Sin preámbulos me pregunta cuál es la idea. Quedarme sólo unos días, mientras me arreglo. Toma una ficha y comienza a escribir a medida que me interroga. Te vamos a pasar una colchoneta. Da instrucciones a otra persona para que me acompañe. Indicándolo, me sostiene que me va acompañar y que acomodar para que pase la noche ahí. _¡Sígame por favor¡ _¡Momentito! Alcanza a farfullar el de la barba tupida, _ Tome una colación. Recibo una bolsa que contiene en su interior un pan y un plátano. _¡Gracias! Respondo, _¡Muchas gracias!</span><br /><br /><span style="color: rgb(0, 0, 153);">Y de repente creí, que la fantasía, era sólo un pretexto de la mente para introducirnos en planos distintos, discurrí entonces, que muchos momentos de mi vida semejaban sueños de límites tiernos y frágiles, como aquel momento, en el que me introducía con asombro y subrepticios temores; pero en el fondo, qué es fantasía y qué es realidad. Ahí estaba atolondrado, expectante, sólo esperando que los acontecimientos no me sobrepasaran, anhelando que en cualquier minuto, pudiese tomar control de la situación. Ingresaba a un mundo nuevo, distinto, desconocido, los estímulos, los colores, las formas tomaban posesión de mis sentidos, valiéndose de pequeñas conquistas para finalmente apoderarse de todos mis raciocinios. _¡Venga!. Escucho la voz del joven que me conduce al patio, cruzamos un hall, bajamos tres peldaños y estamos en un espacio que cobija muchas colchonetas, en ellas, unos bultos arrebujados y deformes, externaliza la forma del sueño y el descanso. Una mezcla de malos olores toca agresivamente mis narices, distingo el olor a pichi, a pies, y a sudor. No soporto y automáticamente tapo mis narices. Cruzamos una mampara color naranja, accedo finalmente al patio, respiro aire puro, renuevo el aire de mis pulmones, abro la boca y atrapo una bocanada de aire fresco. Legamos a una puerta, el acompañante la abre, e ingresamos una sala donde tienen sabanas y colchonetas. Hace frío, son los últimos días del mes de junio, el invierno llegó tarde este año, recién los primeros quince días de Julio el invierno se asomaría con más decisión. Extiende sus manos a mí para entregarme dos frazadas, me indica otro lugar y me pide que saque una colchoneta, posteriormente me solicita que me ubique en algún lugar del salón. Cruzo nuevamente las puertas, e identifico un espacio vacío, pongo la colchoneta, decido acostarme con ropa, tratando de no interrumpir el sueño de los otros pasajeros, me tapo, al cubrirme con las tapas inhalo nuevamente ese olor a pichi que me recibió, ahora lo olfateo en mis frazadas y en mi colchoneta. El frío se filtra por la puerta, cada cierto momento alguien entra o sale y deja caer las pesadas puertas de ingreso, el golpe permanente, no permite dormir, ocasionalmente se escucha una voz que grita un rosario de garabatos en señal de protesta. De forma progresiva el sueño me va dominando, cierro los ojos, el frío ingresa por cada poro de mi piel. Es una noche glacial, me estremezco, y sin lograr abrigarme me duermo. Es la noche más fría que he pasado en mi vida.</span></span><br /></span>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-34294229.post-1158094933314627302006-09-12T14:00:00.000-07:002008-05-20T19:27:59.504-07:00El ladrón de Bandera<a href="http://bp0.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDOIU2SQ5FI/AAAAAAAAAB0/eAlG19xieFI/s1600-h/united3.bmp"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5202651886293935186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_xGR5hlodEbg/SDOIU2SQ5FI/AAAAAAAAAB0/eAlG19xieFI/s400/united3.bmp" border="0" /></a><br /><div><br /><br /><div align="justify"><span style="font-family:arial;font-size:130%;color:#000099;"><strong>Se acercó con su colchoneta y sus frazadas, preguntó si podía ubicarse cerca, lo miré y le expresé que no había problemas. No terminaba de aprehender todo lo que mis ojos veían, un mundo nuevo, repleto de estímulos y señales nuevas. Estaba interiorizando cada color, cada forma que se gestaba, y se configuraba en ese mundo variado y diverso. Un mundo lleno de contrastes, con personas, que desde distintos puntos de la capital, llegaba en busca de un momento de descanso y sosiego. El sello de la pobreza se imprimía en sus cuerpos, en sus vestimentas, pero sobre se manifestaba en sus rostros enjutos, desaseados, tostados por el sol, hondos surcos delineaban historias de carencias y necesidades, surcos esculpidos con dolor, con historias truncadas, con sueños inconclusos., con ideales derretidos en algún recoveco de sus mentes.El hall , que señalaba los años que tenía la construcción, comenzó a poblarse de personas que preparaban sus colchonetas. La intensa luz, permitía visualizar todo el ‘esquema’ con relativa claridad.Volví la vista a mi interlocutor, al verlo aún inmóvil, insistí en la idea de que no me incomodaba que colocara su cama cerca de la mía. Vestía unos blue jeans desgastado y sucio, cubría su cuerpo una delgada camisa, que adosada a su cuerpo, delineaba sus carnes delgadas y flácidas._ Cuándo llegaste, preguntó _Anoche, respondí mecánicamente. _¿De dónde eres? , Insistió, _Vivo en Puente alto. _¿De qué sector? _México con Nonato Coo. _¡Ah! Yo soy del Volcán lo ubicas, _¡Sí por supuesto! Permanecimos en silencio unos segundos. Habían apagado la luz, permaneció un débil halito que se filtraba desde la puerta del baño que estaba semí abierta. Dirigí la vista hacía las demás colchonetas, había poco espacio entre una y otra. Muchos se acostaban vestidos, sacaban sus zapatos, lo que ubicaban cerca de la cabecera. Persistía el mal olor que había el primer día. Era una mezcla entre orina, olor a sudor y a patas. A diferencia del primer día, en el que ubiqué mi colchoneta en el comedor, ahora la había instalada en el hall. Este espacio era bastante amplio. Al costado sur había tres puertas que durante el día funcionaban como oficinas, al costado oriente una primera puerta permitía el ingreso a los baños, a continuación y en la misma orientación, otra puerta era la entrada para los casilleros en los que se guardaba la ropa. Luego, en dirección norte otra puerta era el acceso al comedor, el mismo que por las noches se transformaba en Dormitorio.Me había acostado en calzoncillos. Toda mi ropa la había guardado en un bolso que tenía. Desde la oscuridad, el joven, que tenía alrededor de unos treinta años, prosiguió con la interrogación. ¡_Oye! Por qué estás aquí. Qué te pasó. _Problemas, respondí. Se me vi envuelto en algunos conflictos y “me fueron”. _ ¿Y a ti que te pasó? Me expulsaron de la casa por “jugoso”, _Cómo es eso, _ Si po’ loco por dar jugo, por andar “gueviando”.¡ No importa!, remató. Permaneció un momento en silencio, imaginé que inhalaba aire para darle más firmeza a sus palabras. _ ¡No importa!, Repitió. _Dime, ¿tú me encontraste algo especial? _Sin entender el alcance de su pregunta, quise que la puntualizara un poco más por lo que mascullé. _ ¿En qué sentido lo dices? _Sí, por que muchos me dicen que tengo algo especial, a muchos les gusto. Capté que estaba dialogando con un homosexual. Sin preocuparme demasiado, y reprimiendo sentimientos homo fóbicos, continué conversando con él. Ahora con el propósito de calibrar un poco más mi conversación y conducirlo a los temas que a mí me interesaban. _Explica más eso de que les gustas a muchos. _Escucha, susurro en medio de la oscuridad e invitando a ser parte de su secreto, __ tengo un pololo en el Volcán. Me voy a ir con él. Él tiene una Novia, pero es sólo una pantalla...tú sabes, “por el qué dirán” Estamos juntos desde hace muchos años. Es mi pareja, y me ama. Me acerqué un poco más a su lado y le pregunté en qué trabajaba, qué haces durante el día, machaqué. Demoró en dar su respuesta, probablemente, analizando la conveniencia de contar su verdad a un desconocido. Cambió el tema, y preguntó, _¿Tú conoci’s el Volcán? De nombre no’ más. Sé que es un lugar peligroso, pero ¿ qué haces tú? _¡Acércate! Sacando medio cuerpo de mi colchoneta, acerqué la cabeza para que bisbiseara en mi oído. _Me muevo en Bandera, en locales de ropa usada. Me gusta “trabajar” solo, es mejor y seguro. _¿Nunca te han sorprendido?. _¡Sí!, confirmó, he estado varias veces en cana. Recordé algunos de sus rasgos físicos, era más bien bajo de estatura, extremadamente delgado, su rostro escueto, permitía concluir que las señales del sida comenzaban a invadir las líneas de su semblante. Experimenté pena por ese muchacho. Seguramente, él no había escogido esa vida, con trazos de pobreza, indefensión y de privaciones. Quizá, las circunstancias, ajenas a su control, le habían conducido a vivir una vida con esas características. Quienes, llegábamos ahí, en algún momento plasmaríamos nuestra propia debilidad. El la confesaba, en otros, en cambio había que descubrirla. _¡Bueno amigo!, me voy a quedar dormido. Qué descanses. –Buenas noches, contesté con esa sensación de aflicción, que surgía en algún lugar de mi ser y oprimía suavemente mi garganta.</strong></span></div></div>Vociferahttp://www.blogger.com/profile/09806683698111080521noreply@blogger.com