
Se acercó con su colchoneta y sus frazadas, preguntó si podía ubicarse cerca, lo miré y le expresé que no había problemas. No terminaba de aprehender todo lo que mis ojos veían, un mundo nuevo, repleto de estímulos y señales nuevas. Estaba interiorizando cada color, cada forma que se gestaba, y se configuraba en ese mundo variado y diverso. Un mundo lleno de contrastes, con personas, que desde distintos puntos de la capital, llegaba en busca de un momento de descanso y sosiego. El sello de la pobreza se imprimía en sus cuerpos, en sus vestimentas, pero sobre se manifestaba en sus rostros enjutos, desaseados, tostados por el sol, hondos surcos delineaban historias de carencias y necesidades, surcos esculpidos con dolor, con historias truncadas, con sueños inconclusos., con ideales derretidos en algún recoveco de sus mentes.El hall , que señalaba los años que tenía la construcción, comenzó a poblarse de personas que preparaban sus colchonetas. La intensa luz, permitía visualizar todo el ‘esquema’ con relativa claridad.Volví la vista a mi interlocutor, al verlo aún inmóvil, insistí en la idea de que no me incomodaba que colocara su cama cerca de la mía. Vestía unos blue jeans desgastado y sucio, cubría su cuerpo una delgada camisa, que adosada a su cuerpo, delineaba sus carnes delgadas y flácidas._ Cuándo llegaste, preguntó _Anoche, respondí mecánicamente. _¿De dónde eres? , Insistió, _Vivo en Puente alto. _¿De qué sector? _México con Nonato Coo. _¡Ah! Yo soy del Volcán lo ubicas, _¡Sí por supuesto! Permanecimos en silencio unos segundos. Habían apagado la luz, permaneció un débil halito que se filtraba desde la puerta del baño que estaba semí abierta. Dirigí la vista hacía las demás colchonetas, había poco espacio entre una y otra. Muchos se acostaban vestidos, sacaban sus zapatos, lo que ubicaban cerca de la cabecera. Persistía el mal olor que había el primer día. Era una mezcla entre orina, olor a sudor y a patas. A diferencia del primer día, en el que ubiqué mi colchoneta en el comedor, ahora la había instalada en el hall. Este espacio era bastante amplio. Al costado sur había tres puertas que durante el día funcionaban como oficinas, al costado oriente una primera puerta permitía el ingreso a los baños, a continuación y en la misma orientación, otra puerta era la entrada para los casilleros en los que se guardaba la ropa. Luego, en dirección norte otra puerta era el acceso al comedor, el mismo que por las noches se transformaba en Dormitorio.Me había acostado en calzoncillos. Toda mi ropa la había guardado en un bolso que tenía. Desde la oscuridad, el joven, que tenía alrededor de unos treinta años, prosiguió con la interrogación. ¡_Oye! Por qué estás aquí. Qué te pasó. _Problemas, respondí. Se me vi envuelto en algunos conflictos y “me fueron”. _ ¿Y a ti que te pasó? Me expulsaron de la casa por “jugoso”, _Cómo es eso, _ Si po’ loco por dar jugo, por andar “gueviando”.¡ No importa!, remató. Permaneció un momento en silencio, imaginé que inhalaba aire para darle más firmeza a sus palabras. _ ¡No importa!, Repitió. _Dime, ¿tú me encontraste algo especial? _Sin entender el alcance de su pregunta, quise que la puntualizara un poco más por lo que mascullé. _ ¿En qué sentido lo dices? _Sí, por que muchos me dicen que tengo algo especial, a muchos les gusto. Capté que estaba dialogando con un homosexual. Sin preocuparme demasiado, y reprimiendo sentimientos homo fóbicos, continué conversando con él. Ahora con el propósito de calibrar un poco más mi conversación y conducirlo a los temas que a mí me interesaban. _Explica más eso de que les gustas a muchos. _Escucha, susurro en medio de la oscuridad e invitando a ser parte de su secreto, __ tengo un pololo en el Volcán. Me voy a ir con él. Él tiene una Novia, pero es sólo una pantalla...tú sabes, “por el qué dirán” Estamos juntos desde hace muchos años. Es mi pareja, y me ama. Me acerqué un poco más a su lado y le pregunté en qué trabajaba, qué haces durante el día, machaqué. Demoró en dar su respuesta, probablemente, analizando la conveniencia de contar su verdad a un desconocido. Cambió el tema, y preguntó, _¿Tú conoci’s el Volcán? De nombre no’ más. Sé que es un lugar peligroso, pero ¿ qué haces tú? _¡Acércate! Sacando medio cuerpo de mi colchoneta, acerqué la cabeza para que bisbiseara en mi oído. _Me muevo en Bandera, en locales de ropa usada. Me gusta “trabajar” solo, es mejor y seguro. _¿Nunca te han sorprendido?. _¡Sí!, confirmó, he estado varias veces en cana. Recordé algunos de sus rasgos físicos, era más bien bajo de estatura, extremadamente delgado, su rostro escueto, permitía concluir que las señales del sida comenzaban a invadir las líneas de su semblante. Experimenté pena por ese muchacho. Seguramente, él no había escogido esa vida, con trazos de pobreza, indefensión y de privaciones. Quizá, las circunstancias, ajenas a su control, le habían conducido a vivir una vida con esas características. Quienes, llegábamos ahí, en algún momento plasmaríamos nuestra propia debilidad. El la confesaba, en otros, en cambio había que descubrirla. _¡Bueno amigo!, me voy a quedar dormido. Qué descanses. –Buenas noches, contesté con esa sensación de aflicción, que surgía en algún lugar de mi ser y oprimía suavemente mi garganta.

0 comments:
Post a Comment